¡Un Corazón nuevo, un Corazón de Padre!

Es conocido como la sede de los sentimientos, como el lugar de las decisiones. Tanto es así, que cuando alguien actúa con mezquindad o altivez decimos que “no tiene Corazón”.

Este año, y particularmente, en esta Semana, hemos querido desde la Pastoral Vocacional de nuestra Arquidiócesis, retomar las insinuaciones que el Papa Francisco nos ha sugerido con motivo de su exhortación Patris Corde (con corazón de Padre) sobre San José.

Sabemos que la vocación a la vida Consagrada y al Sacerdocio, es una gran oportunidad para ejercer la paternidad. No estamos hablando de ser padres en el sentido biológico del término, sino padres como San José. Según el Papa Pablo VI la paternidad de San José se manifestó “al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa”[1]. Es el mismo sentido de paternidad que viven los consagrados.

En un momento en el que la paternidad está enfrentando desafíos severos, quisiéramos decirle a la sociedad y en particular a los jóvenes, que es posible tener un corazón de Padre. Un corazón que hace aquello para lo que fue diseñado: ¡Amar! Porque estamos cada vez más convencidos que solo el Amor engendra la auténtica vida. Es lo que descubrimos en la persona adorada del Señor Jesús.

No obstante, para tener un corazón de padre, se requiere realizar un proceso de renovación. O en términos más actuales, reinventarlo. Se necesita un Corazón Nuevo. En Ezequiel 36, 26, el Señor promete cambiar el corazón de piedra por un corazón nuevo. Esta es quizás la experiencia que viven los hombres y mujeres que se deciden por el Señor: un cambio de corazón, una renovación, cambian el corazón de piedra por uno que late, que pone en movimiento la vida entera, adquieren un corazón de Padre.

Vemos con alegría que, en Medellín, son muchos los rostros vocacionales que en este momento brillan con fuerza y vitalidad porque se han dejado transformar por el amor. Los evidenciamos en todos aquellos que siembran vida, que generan oportunidades de felicidad íntegra, denodados en su tarea de arrastrar a otros hacia una vida más digna y justa. Ellos son la prueba más grande del trabajo permanente de Dios por salvar al mundo. Hombres y mujeres consagrados para amar, dándolo todo, hasta el final. Definitivamente, otros Cristos.

También tú has sido llamado a tener un corazón nuevo. ¿Qué esperas? El Señor quiere contratar más obreros para su viña. Hombres y mujeres de valor, de coraje, con una gran tenacidad en la experiencia del Amor. Y es por esta razón que se ha fijado en tí; porque Él ve más allá de lo que tu vez, y sabe del potencial que esconde tu corazón.

Entonces, queremos preguntarte: ¿Quieres tener un corazón de Padre?


[1] Homilía (19 marzo 1966): Insegnamenti di Paolo VI, IV (1966), 110.

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